lunes, 5 de mayo de 2014

EL CEMENTERIO DEL DIABLO.(RUSIA)

Imaginen por unos instantes un lugar llano y extenso de poco más de quinientos metros de diámetro, repleto de hierbas largas y secas que rodean toda la extensión de tierra que alcanza la vista. Un escenario únicamente manchado por el afluente de un río, que discurre a través de estos parajes, estando flanqueado en sus orillas por alguna que otra casa de aspecto lúgubre. Un inhóspito territorio, donde todos los seres vivos que lo habitan, incluidos seres humanos, han sufrido diversas mutaciones y malformaciones extrañas; figuras de aspecto variopinto y grotesco que se van diseminando por delante de nuestros ojos, haciendo caso omiso a nuestra presencia.

Aunque lo que nos llamaría enormemente la atención, es la acción que ejerce sobre estos seres lo que parece ser un campo energético invisible al ojo humano, capaz de hacerlos retorcerse de dolor cada vez que tratasen de franquearlo, llegando incluso a provocarles una muerte dolorosa e inmediata.

Y por si fuera poco, todos los visitantes que prueban suerte al intentar adentrarse en ese área, sufren dolores intensos en todo el cuerpo, haciéndoles abandonar la zona de forma rauda y casi sin dilación.

Puede que suene a fantasía, ciencia ficción, e incluso a un texto proveniente de la mente de un genio del género literario de terror, pero curiosamente es una extensión de tierra real conocida en toda la comunidad rusa como "El Cementerio del Diablo".

Pero ahondemos un poco más en la historia de éste singular paraje...

A mediados de 1991, se emprendió una expedición a cargo de la Asociación Ufológica de Vladivostok, con el fin de hallar el emplazamiento exacto de dicho "cementerio". La historia de este lugar, cuenta que su centro geográfico está situado exactamente en el mismo punto donde supuestamente impactó el objeto de Tunguska. Y según los científicos que habían realizado tal campaña de investigación, El Cementerio del Diablo se hallaría en uno de los múltiples claros de la estepa siberiana, muy cerca de un afluente del río Angará.

Las habladurías que se extendían por toda la comarca sobre este lugar, llegaron incluso a oídos de los estudiosos moscovitas; escucharon como extraños seres merodeaban las orillas del río Kova. Seres semblantes a lo que describieron como minotauros, cíclopes y otros espécimenes que todavía hoy asombran a todos los que han tenido la osadía de adentrarse a observarlos en su hábitat natural.

Por desgracia, durante la época de la dictadura de Stalin se procedió a destruir una innumerable cantidad de poblados diseminados por toda la Taiga. Poblados donde sus gentes conocían a la perfección el lugar exacto de la situación del Cementerio del Diablo, pero poco a poco ese conocimiento se fue perdiendo hasta caer irremediablemente en el oscuro pozo del olvido.

El único resquicio físico que quedó de aquellos días, es una diseminación de árboles plantados a lo largo de todo el perímetro de la zona, con muchos símbolos de advertencia inscritos en sus cortezas, advirtiendo a los visitantes de los peligros a los que se verían expuestos si decidían atravesar aquel umbral.

Según la teoría expuesta por los hermanos Simonov, don científicos de la zona de Taskent, el objeto que ocasionó el incidente de Tunguska, se hallaba oculto bajo tierra, específicamente a diez metros bajo el nivel del suelo.

Afortunadamente, la expedición liderada por el grupo de investigación de Vladivostok halló el punto concreto donde se encuentra el conocido "cementerio", aunque desgraciadamente no consiguieron encontrar ninguna evidencia de que el posible meteorito se hallase en aquel emplazamiento; pues iban desprovistos (o al menos es lo que describieron en su informe) de material adecuado para realizar aquella investigación.

Lo que si lograron realizar es una exhaustiva batida de búsqueda y reconocimiento, tratando de obtener alguna prueba fehaciente, de que aquel era un terreno habitado por seres afectados por la radiación residual de un extraño objeto caído del cielo. Eso sí, sin adentrarse en los límites que lo delimitaban. Pues las historias que habían logrado recopilar a lo largo de su travesía, recorriendo los escasos pueblos que se hallaban diseminados por el camino que seguían, les hablaban de seres deformes, fuerzas extrañas, luces que se movían a ras de tierra de forma errática y la muerte de los cazadores que se atrevían a adentrarse en el lugar. Los cuales, tras sentir como sus entrañas estaban literalmente ardiendo, caían al suelo fulminados.

Pero lo único que fueron capaces de divisar en la zona, fue una extraña niebla grisácea de aspecto fantasmagórico que se extendía por toda la zona delimitada por los árboles marcados; una niebla que únicamente habrían podido ver en este lugar y que afectaba de forma extraña a los escasos instrumentos de medición que llevaban consigo, haciendo oscilar todas las mediciones que lograban obtener...

Otras informaciones anexas a ésta, cuentan que en las cercanías del poblado de Kezhma hay una zona de tierra yerma en medio de un frondoso bosque, bautizado por sus habitante como Cementerio del Demonio, siendo un lugar donde pastores y cazadores locales habían visto como diversos animales entraban dentro del área sin posibilidad de regresar al exterior; simplemente morían de forma inmediata, sufriendo convulsiones y hemorragias violentas que les hacían retorcerse de dolor durante su agónica expiración.

Las publicaciones realizadas por N. Savelyev en el periódico Komsomol´skaya Pravda, el 15 de noviembre de 1987, hablaban sobre las primeras expediciones realizadas a dicho emplazamiento, realizadas antes de la Segunda Guerra Mundial, donde relataba con todo lujo de detalles como las gentes que habitaban las cercanías del "cementerio", habían encontrado que la tierra mostraba un color grisáceo, sin vegetación y con un gran número de cadáveres de aves y animales. También destacaban el hecho de que las ramas de los árboles que estaban situadas más cerca del centro del lugar, mostraban una corteza totalmente abrasada por una gran energía calorífica.

Los perros de los cazadores que se acercaban a olisquear y rastrear dichas tierras, con el tiempo dejaban de comer, perdían masa muscular y finalmente morían por inanición, al igual que sus propios dueños que entraban a toda prisa a buscarlos, intentando evitar que la maldición pudiera llegar a caer sobre ellos.

Todavía hoy, y tras leer tantos escritos sobre esta misma temática durante más de cinco décadas, se desconoce la veracidad de todas estas leyendas y relatos, pero lo que si sabemos con certeza, es que muchos pueblos de la Rusia profunda, conocen los efectos que produce a todos los incautos que deciden adentrarse en sus aledaños, haciéndonos ser conscientes de que nuestro mundo, es un lugar repleto de zonas y lugares inmersos en un misterio, que tras el paso de los años (incluso de siglos), se resisten a desvelar sus secretos.

¿Se atreven a entrar a descubrirlos?

Texto basado en el libro de Philip Mantle y Paul Stonehill, Expediente Soviet Ufo (Ed.: Nowtilus)


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