miércoles, 1 de abril de 2015

LA INCREIBLE HISTORIA DEL POZO DE MEL WATERS




Por Lucía Manucci 
Para poder contar la extraña historia de Mel Waters y sus agujeros, primero necesitamos hacer un pequeño viaje al pasado del show donde se relató originalmente esta seguidilla de hechos extraños. En 1986, el locutorArt Bell creó “Coast to Coast AM” (De costa a costa AM), un programa de radio que no tardó en convertirse en uno de los más escuchados de América del Norte.


Pasaron por el show, fanáticos de las conspiraciones, criptozoológos, contactados, y créanlo o no, hasta el mísmisimo Michio Kaku.


Con el paso de los años, el programa vio nacer y alimentó muchas leyendas urbanas, aquí es donde se empezó a hablar con fuerza de la gente-sombra. También fue conocido el caso de un supuesto ex trabajador del Área 51 que llamó en medio de un terrible estado de agitación y que terminó con un programa interrumpido a causa de lo que se atribuyó a una falla satelital.


Además de los invitados, también es habitual que los oyentes cuenten sus historias o expresen sus opiniones. Fue así como, una noche, el tal Waters salió al aire. Waters le envió a Bell un fax donde le explicaba que había encontrado un “pozo sin fondo” en su propiedad.




Acordaron una fecha y Art Bell entrevistó a Waters por primera vez el 21 de febrero 1997, quien se presentó como un granjero que apenas hacía dos años había comprado un terreno cerca al poblado de Manastash (Washington), que, para más datos, se encontraba rodeado por las tierras de una reservación. Los anteriores dueños que habían vivido entre tres y cuadros décadas en el lugar, no le informaron de nada extraño. Según Waters, fueron sus vecinos quienes empezaron a contarle historias acerca del pozo. Durante años, le aseguraron, habían estado vaciando sus desperdicios ahí dentro, sin que éste nunca se llenara. Un vecino, incluso, le reveló haber arrojado una heladera que nunca llego a tocar el fondo.




Intrigado, Mel se apersonó, comenzó a experimentar y hacer mediciones. Según él, el hoyo tenía unos 2,70 m. de diámetro; en su boca había un muro de contención hecho con piedras que se extendía hacia lo profundo hasta unos 4,50 m. y después de eso nada más era visible; tampoco podía asegurar que tan hondo era. Si aparentaba ser artificial, nadie sabía quién podría haberlo hecho. En realidad, según Mel, “nadie recordaba un tiempo en que el pozo no hubiese estado allí”.




Sus propias historias pronto se unieron a las de sus vecinos. Para comenzar, contó que tenía perros muy leales que lo seguían a todas partes pero que de ninguna manera querían acercarse al pozo, y ningún animal doméstico quería pasar por allí, llegando a clavar sus patas en la tierra y empujar en dirección contraria con todas sus fuerzas para evitar el lugar.


Que un animal evite una zona no tiene porque ser necesariamente extraño. Puede haber algo explicable que el ser humano no detecte pero que quizás para el perro resulte insoportable. Lo escalofriante, al mejor estilo Stephen King, fue que uno de sus vecinos le juró a Mel que, al morir uno de sus perros, lo arrojó al agujero. Y un tiempo más tarde vio al mismo perro con su collar de siempre, corriendo a lo lejos entre los árboles como si estuviese cazando a otro animal.




Cada vez más intrigado, Mel contó que un conocido suyo, un ex cazador de tiburones, le sugirió que usara una tanza de pescar con algo en su extremo.





Ideas fotográficas sobre lo que el pozo de Mel debería ser.






Mel uso un manojo de caramelos con forma salvavidas al que enhebró con la tanza para poder medir la profundidad del pozo y ver si había agua en su interior. La idea era que el agua disolvería los caramelos, pero al llegar al máximo de la línea (450 m. de profundidad) los caramelos se mantuvieron intactos y secos. Para el siguiente experimento, Mel cuenta que llevó la friolera de 24,000 m. de tanza para pescar, pacientemente uniendo extremos hasta que su provisión tocó fin… pero no por haber encontrado el final del pozo.


A todo esto la audiencia permanecía entre el escepticismo y la curiosidad. Pronto llegaron toda clase de sugerencias: des usar un radar para determinar la profundidad, reproches a la medición… hasta apareció algún oyente que propuso arrojar un gato vivo al pozo “a ver qué onda”.


La idea de soltar un animal dentro del pozo no convenció a Bell, pero igual se preguntó si a alguien se le había ocurrido descender voluntariamente con una cuerda para observar. Un oyente enseguida se ofreció para la misión. Mel declinó la oferta: el voluntario podía toparse con altas temperaturas, gases tóxicos o podría romperse la cuerda.


Pero al mejor estilo de esas historias en las cuales convergen distintos fenómenos peculiares, Mel contó que había otras cosas que ocurrían en aquella zona que resultaban, cuanto menos, inusuales.


Aparecían cosas extrañas en el campo de Mel sin que nadie supiese como habían llegado hasta allí, como por ejemplo un sobre rojo (de la clase que se suele usar en China para colocar dinero dentro y regalarlo a familiares en ocasiones especiales, como nacimientos, año nuevo y bodas) que contenía monedas de 10 centavos de dólar; Mel las usó para uno de sus hobbies: fabricar cinturones artesanales con monedas incrustadas, los que regalaba a sus amigos o vendía en mercados locales (otra de sus actividades recreativas era cultivo de hierbas medicinales). También encontró una pistola P38 (estas se comenzaron a fabricar durante el régimen nazi y se continuaron hasta principios de los 90’). Otro hallazgo sorprendente: dijo que en el pueblo de Ellensburg, desde donde llamaba, apareció un hueso de ballena atascado en un árbol.


Si algo salió alguna vez del pozo (no hablemos del supuesto perro resurrecto) habría sido un rayo que parecía estar hecho de lo que llamaron “anti-luz”, el cual algunos vecinos describieron como “una columna inmaterial negra y densa que se precipitó directo hacia el cielo”. Pero eso fue lo que le dijeron sus vecinos, Mel aclaraba no haber visto nada de esto personalmente.


Pese a todo, Mel contó que le dijo a su esposa y otros seres queridos, que, al fallecer, lo arrojaran al pozo. Bell quiso saber si con tantos electrodomésticos (entre otras cosas varios televisores) y basura ahí tirados habría existido contaminación en las napas de agua de la zona, cosa que, según Mel, no había pasado. Bell planteó que si realmente el pozo no tenía fondo y no estaba contaminado, el gobierno lo podría usar para volcar deshechos radioactivos.


En cualquier caso, ya más alarmado por lo que había presenciado y oído, Mel decidió colocar una tapa de metal sobre el pozo y lo cerró.




Los cazadores del agujero perdido



IMAGEN DE TERRA SERVER

Cuando terminó la entrevista había suficiente información como para comenzar a rastrear el lugar. La historia atrajo mucho la atención de los oyentes; algunos quizá querían que fuera cierta, otros quizá querían desenmascarar a un posible mitómano y no pocos sospecharon que se trataba de un actor o conocido de Art Bell y que todo había sido una mise en scène. El primer paso fue buscar en TerraServer, un servicio de imágenes sátelitales que existió varios años antes que Google Maps y que sigue activo. La sorpresa fue que en la supuesta área donde estarían las tierras de Mel sólo aparecía un gran rectángulo blanco.


Como es de imaginar, el dato disparó un sinfín de teorías conspirativas.


Pero si analizamos la historia, la mayoría de las cosas extrañas que Mel relata que le pasaron a otras personas, como el perro que volvió de la muerte y el rayo de “anti-luz”, el pozo, por más profundo que fuese, podía tener un curso de agua subterráneo que arrastrase los deshechos, la medición que intentó simplemente podría haber estado mal hecha, los vecinos podrían haber exagerado mucho o inventado cosas como una especie de broma para el recién llegado y lo que Mel aseguró hallar simplemente podrían ser agregados de alguien que quiere embellecer la historia.


Por supuesto que el pozo simplemente podría no haber existido jamás, pero el encanto de buscarlo fue suficiente motivación para un cierto grupo –ya llegaremos a eso.


Lo más extraño ocurrió dos años más tarde, cuando Mel regresó al show para contar como perdió el primer hoyo, sus muelas, su esposa, unos cuantos marsupiales, encontró un segundo agujero y la cura para una enfermedad terminal que lo acosaba.


En enero de 2002, Mel Waters regresó a Coast to Coast AM para contar que le había ocurrido durante esos cinco años en los que no se supo más nada de su vida.


Según su relato, un día después de la emisión del show en 1999, Mel intentó regresar a su propiedad, pero no pudo ingresar porque unos hombres uniformados le informaron que un avión había caído en sus tierras, donde tenía lugar una operación gubernamental para recuperar los restos. Él no les creyó: si hubiese existido tal accidente –razonó–, cuando menos se podría haber divisado una columna de humo en la zona o visto alguna explosión.


Preocupado, Mel amenazó con ir a la prensa, pero “ellos” le aseguraron que sería muy fácil “descubrir” un laboratorio dedicado a la producción de drogas ilegales en su terreno con las suficientes pruebas como para enviarlo a la cárcel. Mel le aseguró al conductor de Coast to Coast AM que había realizado ciertos experimentos con hierbas medicinales, que no tenían nada de ilegal pero que temía pudiesen ser manipulados en su contra.


Por fin, Mel llegó a un acuerdo para que le pagasen U$S 250.000 dólares por mes para alquilar su terreno, siempre con la promesa de no divulgar lo que ocurrió y de no volver nunca al lugar.


Con el dinero y la ayuda de sus nuevos arrendatarios, Mel contó que pudo mudarse a Australia a cumplir su sueño, inclusive asegura que puede llevarse a sus perros sin que tengan que pasar por ninguna clase de cuarentena o papeleos especiales durante el viaje. ¿Cuál era el sueño de Mel? Fundar un centro para rescatar wombats e investigar sus hábitos. En 1,999, cuando regresó a los EE.UU., se quedó sin dinero ya que, a causa de una supuesta violación a los códigos de construcción, su propiedad fue confiscada por el gobierno. Entre tanto en Australia, sin que él todavía lo supiese, su refugio para wombats estaba siendo desmantelado, y todos sus empleados habían quedado cesantes, con un cheque para cada uno y sin ninguna explicación. De esto se entera tiempo más tarde, cuando intenta averiguar que ocurría en su ausencia.






EXPLORADORES DE MEL(CIRCA 2002)





A pesar de todo, al bueno de Mel todavía parecían quedarle fuerzas. Tras ayudar a su sobrino a mudarse, se tomó en un autobús desde Tacoma hacia Olympia. Durante el viaje, ocurrió una pelea en el transporte. La policía le pidió que atestiguara, pero él se negó alegando que debía estar en Olympia y no podía retrasarse. Como ambos sitios no están muy alejados entre sí, los policías se ofrecieron a llevarlo en su camioneta. Y exactamente eso fue lo último que dijo poder recordar, porque su siguiente recuerdo –aseguró– fue despertarse en un callejón de San Francisco, es decir, en la otra punta de los EE.UU., doce días más tarde, con signos de haber sido golpeado. Le faltaban muelas, no tenía su cinturón (que tenía algunas de las monedas misteriosas halladas en su anterior propiedad) y no había dinero en su cuenta bancaria. Sólo logró volver a Washington porque se pudo comunicar con un sobrino, quien le compró un pasaje de autobús para que pudiera regresar a Olympia.


Monedas de otro mundo


¿Recuerdan que Mel hacía cinturones con monedas, que vendía en ferias locales o regalaba a sus amigos? Luego de la paliza y del robo, Mel regresó a Ellensburg y buscó hasta encontrar a alguien que hubiese comprado alguno de sus cinturones. Cuando por fin dio con un sujeto que decía haber comprado un cinturón, volvió a toparse con otra extraña historia.


El cinturón tenía una moneda de 25 centavos, acuñada en 1943 con el rostro de Roosvelt; la letra que marcaba la inicial de la ciudad de origen de la pieza era una “B”. Pero en 1943 no había monedas con el rostro de Roosvelt y en ninguna ciudad estadounidense se había acuñado una moneda cuyo nombre comenzara con “B”. Asombrado, el hombre llevó la pieza a un experto en monedas que se mostró desconcertado y le ofreció comprársela por un precio bastante elevado, aunque el dueño dijo que prefería pensarlo un par de días. Pero el señor se quedo sin el cinturón y sin el dinero: días más tarde, funcionarios del Departamento del Tesoro fueron a buscar su moneda y la confiscaron.


Como se podrán imaginar esto suscito muchos comentarios, siendo el más persistente la teoría de que todo lo que aparecía en el campo de Mel procedía de otra dimensión. Pero entonces… ¿cómo llegaban? ¿Alguien las arrojaba desde el pozo hacia el campo de Mel? ¿Caían del cielo? Piensen lo que quieran, pero si están cayendo cosas desde una dimensión paralela, esperemos que nadie tenga la bendita idea de hacer el truquito de arrojar cosas pesadas (como aquella heladera que habían arrojado al primer hoyo y que jamás tocó fondo).


El segundo agujero de Mel: la conexión vasca



Mel asegura que en el estado de Nevada encontró el segundo hoyo, ya que unas personas provenientes de una reserva indígena se contactaron con él por e-mail para informarle que tenían un agujero similar al suyo. Al llegar se encontró además con una comunidad de vascos que habían viajado hasta el lugar para criar ovejas. Los pobladores le contaron que sus ancestros habían llegado desde el País Vasco en el siglo XIX y se habían encontrado con un extraño agujero en aquellas tierras y que tenía una especie de reborde similar al anterior, pero hecho de un metal que nadie podía identificar y que, pese a haber recibido diferentes tipos de golpes, no emitía sonido alguno.


Como el otro agujero, Mel no esperó para hacer experimentos con los vascos. Para empezar bajaron una cubeta llena de hielo hacia las profundidades del hoyo, pero el hielo que no sólo salió intacto, además se hallaba tibio al tacto. Uno de sus amigos decidió experimentar con el extraño hielo tibio. Lo llevó a su cabaña, lo colocó en su estufa a leña y le prendió fuego. Sí, como leen: si algo le faltaba a este relato era un vasco en EE.UU. que cree que no es mala idea tomar un hielo venido de quién sabe dónde, que no se derrite y se siente tibio al tacto, y ponerlo en una estufa para prenderlo fuego. Según contó Mel, aquel montón de hielo mantuvo la cabaña cálida durante el invierno y él creía que, quizá, aún emitía calor.


Mel y los vascos continuaron repitiendo sus experimentos, obteniendo resultados diversos, no siempre el hielo emergía como la primera vez. Uno de los vascos, cuenta Mel, quiso descender hacia las profundidades, pero los demás lo hicieron desistir de su idea. Si había algo allí que podía hacer semejante cambio en un pedazo de hielo ¿qué le podría hacer a un ser humano?


Lo que hemos relatado bien podrían ser paseos, meras caminatas o tours guiados por el reino de lo Inverosímil, tan sólo el merengue que recubre la torta de lo realmente increíble. Lo que sigue está a otro nivel.


Mel Waters ya no estaba contento con hacer un tour por el museo de “¡Esto no puede ser cierto!” o pasear por la plaza de “¡Dios mío! ¿de dónde sacan estas cosas?”.




No, lo que sigue es, para ponernos más en plan metafórico, en la carrera electoral de Mel Waters para convertirse en el gobernador de la provincia de “…” pues faltan palabras para describirlo.


Si bien la idea de bajar un ser humano al pozo estaba descartada, la de hacer descender a un ser vivo no. Dado que se trataba de una zona de cría de ovinos, el grupo consiguió una oveja a la que se dispusieron a bajar al pozo. El animal, al igual que los vistos por Mel en su anterior experiencia, no quería saber nada de acercarse al lugar, a tal punto que para ser Mel una persona que se describe a sí misma como “muy respetuosa de los animales” no tuvo ningún reparo en permitir que dejaran inconsciente a la oveja de un golpe entre los ojos para ponerla en una especie de canasta y hacerla descender.


Para cuando el animal recuperó la conciencia, dice Mel, comenzó a hacer ruidos horribles, y cuanto más bajaba, más horrorosos se volvían, hasta que de golpe todo sonido cesó y en su lugar comenzó una especie de movimiento que hacía oscilar la cuerda. En ese momento, cuando el rollo se acabó, decidieron dejar su carga durante una media hora en lo profundo. Desde afuera, la caja se veía sana. Pero la oveja ascendió muerta. Decidieron diseccionarla. Su interior parecía cocido. En medio del cuerpo del animal había aparecido un enorme tumor; no había pulmones ni corazón, sólo esa formación gelatinosa. Pero, en realidad, lo que creían era un tumor tenía pulso. Para esa altura, Art Bell no pudo más que exclamar “¿un tumor pulsante, Mel?” con el mismo tono de voz que otra gente usa para decir “¡Por favor no sigas, me siento mal!”.


Y así, como si nada, del tumor salió lo que Mel describe como una especie de foca bebé mutante con ojos humanos conectada a la extraña masa por algo que se veía como un cordón umbilical.


Pueden encontrar sitios en internet que describen con más horror la foca-mutante-tumor, pero aunque Mel cuenta que uno de los vascos sugirió matarlo, no lo hicieron y el mismo en un momento se aproximo a la mesa para evitar que el ser se cayera, lo tomo entre sus manos y lo bajo hacia el piso. Al querer limpiarse las manos, se dio cuenta que aquel ser olía a ozono.


A partir de ahí cuenta que por dos horas, el ser se dedicó a examinarlos uno a uno, hasta que se acercó hasta el borde del pozo y, telepáticamente, le informó a Mel que quería volver al lugar de donde había salido.


Compungido, Mel dijo que echó al ser de vuelta al foso junto con los restos de la oveja, pero que de ese encuentro salió cambiado en más de un sentido. No sólo dijo que esa fue una experiencia movilizadora a nivel emocional sino que además que durante su encuentro aquella criatura lo curó de un cáncer de esófago que estaba sufriendo y a causa del cual según los médicos no le daban más de seis meses de vida.




Antes de irse de Nevada, Mel cuenta que uno de los ancianos de la comunidad vasca se le acercó para decirle que desde hace mucho sabían que el hoyo era un lugar espiritual y que la historia de la criatura que salió de allí no lo sorprendía. Antes de despedirse, el anciano le dio un sobre rojo que contenía algo que el hombre había hallado en aquella área, al abrirlo Mel vio que tenía en su interior una moneda de diez centavos con la cara de Roosvelt, acuñada en 1943.






En diciembre de 2002 Mel Waters hizo su última aparición en Coast to Coast AM para poner al conductor y a los oyentes al día respecto a su historia.


Según su relato, alrededor del poblado del agujero habían estado sobrevolando helicópteros, y le informaron que el aro de metal que rodeaba el foso se volvía invisible cuando el observador se alejaba a cierta distancia. Y si hablamos de objetos que desaparecen a la distancia, Mel jura que un fenómeno similar se daba con las misteriosas monedas de diez centavos que desaparecían a la vista si uno se alejaba de ellas a 4,5 metros, y que tampoco aparecían en filmaciones ni podían ser escaneadas digitalmente.


Además, Mel también llegó con novedades respecto al hielo combustible. El hombre que lo había llevado a su cabaña para quemarlo le contó que, en los siguientes meses, en su cabaña el aire se empezó a sentir seco, a menudo él se sentía con mucha sed y su piel se deshidrataba. Entonces puso una pava con agua sobre la estufa, esperando que cuando el agua se evaporase humidificara el ambiente y contrarrestar así la sequedad del lugar provocada por el hielo. Pero dejó de lado esa solución cuando notó que era inútil: el vapor, en vez de dispersarse normalmente, era absorbido por una fuerza que provenía de la estufa; es decir, del mismo hielo.


Pese a estas curiosas señales, siguió usando la estufa y el hielo hasta que un día, al regresar a su casa, descubrió que la estufa había hecho colapsar el piso de madera, hundiéndose unos 30 centímetros.Según Mel, el hombre, a la hora de elegir entre remover el hielo y la estufa pensando en su seguridad y dejarla allí para continuar teniendo calefacción gratuita por el resto de la temporada fría, decidió seguir usando la estufa con el hielo, aunque ahora empotrada en un agujero en el piso.


Al regresar de un viaje una o dos semanas de su partida, de la cabaña sólo quedaban pilas de polvo. Ante semejante panorama se fue a la casa de sus hermanos. Al mes, cuando regresó para revisar las ruinas, descubrió que la estufa era lo único que quedaba en pie en el lugar, aunque hundida a 1,5 metros.


En este punto de la historia Mel recupera protagonismo: dice haber sido contactado por el propietario del lugar para que lo aconseje sobre qué le convenía hacer. Ante la apremiante situación, Waters sugirió contactarse con los oficiales con los que tuvo trato mientras estuvo en Australia, cosa que el vasco hizo, con el cuidado de esconderse cerca de la cabaña para ver qué hacían mientras supuestamente él estaba alejado. Según Mel, el hombre pudo ver cómo un grupo que no supo si definir como militar o científico intentaba recuperar la estufa. Para extraerla inundaron el agujero con agua, depositando el artefacto “en el camión más grande que haya visto”, donde se alejó del lugar.



Gráfico sobre algunas parateorías sobre el agujero de Mel en Coast to coast.





¿Todo esto parece demasiado? La cosa no termina ahí. Según Mel, los vascos le contaron que el ser que había devuelto al foso, regresó al poblado en varias ocasiones y encontró cómo comunicarse con sus habitantes (a través de los parlantes de viejos pasacassettes, pero cada vez que tratan de grabarlo, sólo quedan en la cinta sonidos pulsantes) y les trasmite mensajes alarmantes.


La criatura les advirtió acerca del uso del hielo que quema, diciéndoles que “éste puede y podría en un futuro destruir la Tierra en poco tiempo” si es usado impropiamente, anticipando que el uso “ambicioso e indisciplinado del hielo” probablemente ocurrirá en este mundo. Pero el ser no es el único que lo ha previsto: hay seres inteligentes en otras dimensiones que también han anticipado que la raza humana se autodestruirá mediante guerras nucleares, y que sus mundos están en tan mal estado que aún con radiación serían capaces de habitar y usar el hielo en este planeta. Según la criatura, cada vez que el hielo que no se quema es descubierto, es mal utilizado.


Mel contó que no volvió a tener noticias de su ex mujer, de quien se divorció y alegó no saber quién o qué se está ocupando de su antigua propiedad. Sin embargo, declaró abrigar la sospecha de que “alguien lo observa”, por ejemplo porque gente con la que él quería hablar termina encontrándolo pese a que “no soy fácil de ubicar”. Así, temeroso de su seguridad y con el deseo de que nadie pueda rastrear el agujero, Mel se despidió informando que esta iba a ser su última comunicación.


Desde entonces nadie más volvió a saber nada de él.


La corroboración imposible


Probablemente el detalle que hizo que esta historia perdurara tanto tiempo y sea una de las más famosas de Coast to Coast AM es el detalle de la supuesta imagen censurada de TerraServer.


Los más conspiranoicos se emocionaron con esta señal y muchos trataron de desentrañar el misterio. En realidad, en este punto el relato de Mel Waters, por más increíble que fuese, no había alcanzado las cumbres de la inverosimilitud a la que llegó en futuras emisiones y más de uno quiso saber qué tanto de verdad podría existir detrás todo lo contado por Waters.


Imagen capturada desde TerraServer.


En aquella época, anterior a Google Maps y Google Earth, existía TerraServer y con los escasos pero importantes datos que dio Waters muchos oyentes comenzaron a observar la zona, y descubrieron en lo que se supone sería el lugar del hecho, un rectángulo blanco tapando esa zona. Esto sirvió para alimentar la historia y propicio la creación de sitios webs dedicados al misterio del hoyo de Mel, siendo el más importanteMelsHole.com, que lamentablemente ya no se encuentra activo. Justamente en esa página se publicó la respuesta de Terraserver sobre el rectangulo blanco.


En febrero de 2002, en nombre de TerraServer, Beth L. Duff comunicó haber recibido varias consultas sobre esa anomalía en el área de Ellensburg (Washington) y que estaban investigando a qué se podía atribuir. De todas maneras, dicha zona podía observarse sin problemas en USGS Earth Explorer. Duff explicó que ellos primero cargaban los datos allí y luego, según un acuerdo con Microsoft (la compañía detrás de TerraSever), se los enviaban para que los publicaran.


La gran diferencia entre los mapas de USGS Earth Explorer y los de TerraServer es que el primero tiene el siguiente fin:


“El USGS es una organización científica que provee información imparcial sobre la salud de nuestros ecosistemas y medio ambiente, los peligros naturales que nos amenazan, los recursos naturales en los que confiamos, los impactos del clima y el uso del terreno, y los sistemas científicos fundamentales que nos ayudan a proveer información puntual, relevante y útil.” (ver aquí)


Por otra parte, el fin de TerraServer es simplemente mostrar mapas al público, no estaba ni está sujeto a la misma rigurosidad que el USGS a la hora de ser actualizada.


En la web proliferan fotos de falsos hoyos de Mel.


Pero una vez aferrado, el misterio es difícil de soltar. Así, en 2005, apenas Google Maps estuvo disponible, los buscadores del hoyo perdido volvieron a la carga. Creyeron haber dado con su cometido en dos oportunidades. En el primer caso, a pesar de haberse trasladado en persona hasta el lugar, uno de los habituales de MelsHole.com descubrió que lo que habían visto era una simple ilusión óptica; en la segunda, en la primavera de 2006, todo un grupo se dirigió hasta lo que pensaron podía ser el agujero prometido. Tenía una cabaña derrumbada cerca, lo que alimentó las ilusiones del grupo. Pero tras la investigación descubrieron que en realidad se trataba de un estanque alimentado por corrientes subterráneas que, al secarse, hizo que los habitantes de la cabaña la abandonaran en busca de un nuevo lugar con una fuente de agua cercana.


En 2009, después de otros intentos, el administrador de MelsHole.com cerró la página. Doce años duro la búsqueda para probar una historia que con cada entrega aumentaba su extrañeza








Si bien otros se sumaron para tratar de aprovecharse de la historia, esta ya había recibido un golpe de gracia y ni los intentos de Red Elk (Alce rojo, cuyo nombre legal es Gerald Osborne), quien dice ser chamán y juró haber visitado el hoyo de Mel, ni la aparición de una mujer canadiense en 2005 que también aseguraba tener un agujero como el de Waters pudieron resucitarla.


Quizás dentro de algunas décadas, quizás antes, alguien pueda contarle a sus nietos que por una primavera fueron exploradores de lo irreal y salieron en pos de un agujero hasta Nevada. Esta historia tendrá algún sentido cuando unos ojos pequeños se abran de par en par y alguien diga:


“¿Nunca te conté de cuando yo era joven y fui a buscar un agujero sin fin?”


Muy probablemente así empezaron muchas leyendas que animan nuestros días.


1) Página web de Coast to Coast AM


2) Audios de la primer entrevista de Mel en Coast to Coast AM (1997)




FUENTE:


http://factorelblog.com/ DE Alejandro Agostinelli




AUTOR: Lucía Manucci
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