martes, 20 de septiembre de 2016

ovnis del japón antiguo




el 27 de octubre de 1180, un insólito objeto luminoso
descrito como un «recipiente de arcilla» voló desde una montaña
de la provincia de Kii, en la medianoche, hasta más allá de la
montaña de Fukuhara, situada al nordeste. Al poco rato, el objeto
cambió de rumbo y se perdió de vista en el horizonte Sur,
dejando una estela luminosa.
«En vista del tiempo transcurrido desde que se efectuó esta
observación» —para emplear la terminología propia de los investigadores
de la Aviación norteamericana—, hoy resultaría difícil
obtener datos adicionales. Con todo, resulta interesante hallar un
cronista japonés medieval que habla de «recipientes de arcilla
volantes».
Hay también que reconocer a los japoneses el mérito de haber
organizado la primera investigación oficial. La historia es tan divertida,
y presenta tantos puntos de contacto con las recientes
actividades de la Aviación de los Estados Unidos, que no puedo
resistir a la tentación de reproducirla aquí.
La fecha fue el 24 de setiembre de 1235, hace siete siglos. El
general Yoritsume se hallaba de campaña con su Ejército. De
pronto, se observó un raro fenómeno: unos misteriosos objetos
luminosos se balanceaban y describían círculos en el cielo del
suroeste, en el que trazaron arabescos, hasta que despuntó el
alba. El general Yoritsume ordenó que se abriese lo que hoy llamaríamos
una «investigación científica a gran escala», y sus asesores
pusieron manos a la obra. No tardaron en presentarle su
informe. «Se trata de un fenómeno completamente natural. Excelencia
—afirmaron en sustancia—. No es más que el viento, que
hace balancear a las estrellas.»

FRAGMENTO DE "PASAPORTE A MAGONIA"
DE JACQUES VALLEE

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