martes, 26 de mayo de 2015

EL ESCORNAU DE AIGHAL (EXTREMADURA-ESPAñA)



Extremadura, a parte de sus riquezas arqueológicas, posee un amplio folklore compuesto por mitos y leyendas que, por desgracia, se están perdiendo. Se han conservado por tradición oral, de abuelos a nietos, pero pocos los recuerdan ya y menos aún son los documentos que los recogen.



El Escornau, un castigo divino


Una de estas preciosas leyendas es la del Escornau. Tuvo lugar en las proximerías del arroyo Palomero cerca de Ahigal, pequeño pueblo del norte de Cáceres. No se sabe con exactitud la fecha del origen del Escornau, pero las investigaciones lo sitúan en la misma época en la que se trasladó la antigua ermita de Santa Marina desde una pequeña villa llamada “Las Canchorras” a las proximidades del pueblo en torno al S. XVI.

Sobre qué era el Escornau existen varias versiones. Todas coinciden en que este ser fue enviado por Dios como castigo divino en virtud de las maldades que habían cometido los aighalenses hacia la población de pueblos vecinos y los actos sodomitas de los solitarios pastores con sus rebaños.


Un ser mitad toro, mitad caballo


Donde hay discrepancias es sobre la forma del Escornau. Su fisonomía varía según fuese el tipo de pecado por el que fue enviado. Una primera descripción, que sería la encargada de expiar los males de los aighalenses hacia sus vecinos, nos narra un engendro con los cuartos traseros de caballo y la parte delantera de toro de cuya frente crecería un largo y agudo cuerno con sección espiral. La otra versión del fantástico ser, enviado esta vez por el pecado de sodomía de los pastores, nos lo describe como una mezcla de carnero y jabalí con un cuerno similar al anterior. Según cuentan en Aighal, el cuerno podía llegar a medir hasta tres metros que el Escornau afilaba contra las rocas.

Según cuentan, no pocas fueron sus víctimas, tanto hombres como ganado, pero con las mujeres parecía tener especial detalle. Normalmente, el Escornau mataba a su víctima y la dejaba allá donde estuviera pero, cuando su objetivo era una mujer, la ensartaba con su cuerno y la paseaba orgulloso como vanagloriándose de su gesta.

La intervención divina

Los habitantes de Aighal, atemorizados, realizaron batidas para atrapar al animal pero nada consiguieron. Las balas y las flechas no conseguían atravesar su piel. Ante tal fracaso recordaron el dicho que reza: “lo que Dios te da, Dios te lo quita”. Y rezaron pidiendo clemencia.

Se excomulgó al engendro, hubo rogativas y procesiones como la de la cofradía de la Vera Cruz que fue atacada por el Escornau enfurecido por la tentativa, como si realmente le hiciera daño. Su fin parecía cercano, los aldeanos habían encontrado el modo de deshacerse de él. Días más tarde la cofradía del Rosario volvió a salir en procesión y el Escornao apareció de nuevo. Cuando se disponía a atacar a las mujeres que portaban el estandarte de la Virgen, Dios intervino paralizándolo, y el animal empezó a hincharse hasta explotar.

Según cuenta la tradición, este hecho ocurrió a la altura de la llamada “Canchu la sangri” que, si algún curioso quiere visitar, aún está manchada de la sangre del Escornau.

Con la iglesia hemos topado


El cuerno de la bestia fue recogido y llevado a la ermita del Cristo en Aighal, llegando a considerarse reliquia con poderes de curativos y de buena ventura. En el pueblo, los más ancianos, comentan que incluso los “quintos” llevaban el bolsillo limaduras del asta para que les diera suerte y conseguir un número que les librara del servicio militar.

Actualmente se ha perdido la pista del cuerno del Escornau. En el S. XIX, el obispo de la diócesis de Coria conoció la existencia del asta y de la veneración que los aighalenses le procesaban. Escandalizado por esta adoración casi pagana decidió llevarse el cuerno, privando a los descendientes de los cazadores de la bestia de parte de su historia.

audio a donde se hace referencia




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